
En la vida de las personas con discapacidad intelectual, pueden darse situaciones en las que no se respetan sus derechos. Es el caso de Gaizka: tras aprobar una oposición de Osakidetza, y tener derecho a una plaza, no le asignaron destino.
Con el apoyo de su madre y su padre, Yolanda y José Luis, inició un proceso para reclamar lo que le correspondía. Y han tenido éxito. Desde febrero, trabaja de celador en el Hospital de Basurto.
No darse por vencidas
“Ante cualquier injusticia, hay que pelear”, anima Yolanda. “Recomiendo a las familias que no se den por vencidas si viven alguna discriminación. Quizás no se dé igual ni en el mismo contexto que la nuestra, pero tal vez sí en otros», advierte.
«Al principio, me pareció que me enfrentaba a un gigante muy grande. Pero si no nos movemos, no nos dan nada, y las personas con discapacidad intelectual no podrán ejercer sus derechos”, sostiene.

